¿Para qué círculos de lectura en tiempos de violencia en la escuela?
(Reflexión basada en los postulados de Michéle Petit)
La violencia hace invisibles a sus víctimas, las silencia, las excluye y las encierra; y aunque los buenos propósitos de la escuela son respetables, su estructura funciona más como aditivo que paliativo de las formas de intimidación. La escuela, en cierta forma, también homogeniza, enumera, analiza, condiciona y sistematiza a las víctimas.
En contraste, la propuesta de un círculo de lectura tiene el poder de hacer visibles a esos sujetos distantes, porque precisamente les permite circular. Y, para poder circular se necesitan mentes activas por supuesto; pero mentes con cuerpos que se movilicen en tiempos y espacios individualizados.
En tiempos de violencia, no tiene sentido leer para la escuela o para las instituciones; en tiempos de violencia tiene más sentido leer para las personas. Si una persona ha muerto en vida, hay que reparar su funciones vitales, y una de tantas opciones posibles, es la de mediar sosiego a través de libros, relatos, historias, ficción e imágenes…
Para volver a respirar
Porque la lectura y el
acceso a los medios de
lectura son un derecho natural,
casi como el aire, el agua o
el alimento.
Para volver a ver
Porque al ver leer a otros y
al leer a otros, se crea un
vínculo de identidad que
elimina de tajo la soledad.
Para volver a escuchar,
Porque cuando se escuchan
historias de carne y hueso,
se escuchan sentimientos
y experiencias;
no estrictos saberes, ni limitadas
informaciones.
Para volver a hablar,
Porque leer permite nombrar,
decir, conversar y recuperar
la palabra perdida para
argumentar y discutir.
Para volver a sentir,
Porque la lectura compartida
permite la afectación individual
y social; despertar la sensibilidad
para aliviar el dolor y contrarrestar
el temor.
Para volver a crear,
Porque la lectura y el ejercicio
lector estimulan un orden, una
secuencia, un comienzo
y un final.
Se organizan las ideas,
se toman
decisiones y se construyen
nuevos proyectos.
Para volver a pensar,
La lectura potencia encuentros
simbólicos diversos que movilizan
nuestros procesos cognitivos,
y abren nuestra mente hacia
escenarios más complejos.
Para volver a caminar
Porque al leer y al identificarnos
con historias creadas
y narradas cuidadosamente,
nuestro poder interpretativo
puede caminar por sí mismo
y escapar del dominio y
el control.
Para rastrear
El acto de leer permite encontrar
a los que están solos,
trascender el tiempo y el espacio,
rastrear sus orígenes y
compartir aflicciones.
Ahora bien, con un cuerpo reconstruido, se puede volver a ocupar un lugar en un escenario cultural, para por fin tomar distancia del dolor, de la ignoracia, de los prejuicios y de la predestinación.
Recomiendo esta entrevista, que me permitió re- conocer a fondo las intenciones de MichélePetit.: http://www.imaginaria.com.ar/02/3/petit.htm
Hermoso y gracias por este vínculo Petit.
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